Cómo
definir ese momento tan especial como el fin de trimestre.
Para
los alumnos es el momento en que dejan de ir a clase y comienzan las
navidades.
Para
los padres el momento en que te llega un papel con las notas de tus
hijos, algo que te ves venir y en raras ocasiones, sorprende.
Sin
embargo para los maestros, ese fin de trimestre comenzó, no el
último día del mismo sino semanas antes, normalmente por este fin,
más o menos de entre 2 a 3 semanas antes, o sea, más o menos cuando
comienza a salir por la tele el anuncio de la lotería de navidad.
Sabes
que llega el fin de trimestre cuando por la tele, radio y prensa
comienzas a ver los anuncios de la navidad, los turrones, la
lotería... o también cuando los coordinadores comienzan a hablarte
de resultados de trimestre, entregar actas, informes y demás
papeleos varios.
¿Qué
significa eso?
Comenzar
a recopilar datos juntando todo lo que has ido viendo a lo largo de
estos 3 meses (y días), las medias de los exámenes con la actitud y
el trabajo diario, calculadoras echando humo por los porcentajes,
esos redondeos de las notas a la alza sonriendo y pensando en lo bien
que lo han hecho (o lo mal y esa ayudita que le vas a dar para que se
motive y mejore).
Hasta
aquí lo que hasta el más profano de la profesión puede intuir, sin
embargo, los que estamos dentro sabemos que hay más.
Comienzan
los sudores fríos por esa sensación de que se te echa el tiempo
encima, los nervios al echar la vista atrás y evaluar tu tarea en
base a si vas cumpliendo con tu programación mensual, semanal y
diaria. Son horas no solo tecleando como locos en calculadoras para
hacer medias y porcentajes, sino también sintiendo ese retortijón
en las tripas cuando ves cómo la media de tal o cual alumno se ve
disminuida por la actitud o el trabajo en clase, las mariposillas en
el estómago cuando ves que ese alumno que tanto se esfuerza por
conseguir dar la talla o sacar lo mejor de sí mismo ha conseguido
llegar a una nota mejor de la que esperabas, las sonrisas al
redondear a la alza a ese alumno que ves que se ha esforzado lo
indecible para poder mejorar, el sentimiento imposible de nombrar al
tener que bajar una nota por la actitud o dejadez de un alumno. Las
dudas sobre cómo se tomarán los padres esos números que quizás,
solo quizás, siente que no expresa todo lo que ese alumno merece.
En
estos dos años he tenido ocasión de oír y comprobar la veracidad
de varios rumores, meras leyendas urbanas que dirían otros, sobre
este momento del curso. Me explico.
Hay
profesores que adelgazan porque con los nervios dejan de alimentarse
como deberían y pierden un poco de hambre, otros engordamos porque
los nervios nos hacen comer, o mejor dicho picotear, más de lo
normal. Los hay que van enfermando poco a poco. Irritaciones,
sarpullidos (si, lo que oís, sarpullidos), sudoración en
abundancia, noches de sueño irregular, a veces insomnio, cansancio
que no sabes de dónde viene... oh, y lo mejor, algo que he
descubierto recientemente, el estómago revuelto y a veces incluso
náuseas.
¿Quién
dijo que ser maestro es una tarea fácil?
Pues
sí, el año pasado tuve ocasión de comprobar que es cierto que
algunos maestros sufren de estas cosas según se va acercando el
final del trimestre, este año he corroborado algunas y he tenido que
añadir otras. El otro día, una persona en el bus me preguntó que a
qué se debía el aspecto cansado cuando aún ni habíamos salido de
Madrid. Era una estudiante universitaria de pedagogía, y mi
respuesta fue contundente: se acerca el fin de trimestre.
¿Alguien
conoce la célebre frase "Winter's comming"? Bueno, pues yo
estoy por hacerme una camiseta que ponga: "End of trimester's
comming", ya me gustaría a mí ver a los famosos personajes de
GOT teniendo que pasar por esto, al lado de lo nuestro lo de sacar la
espada y liarse a mandobles es un juego de niños. A fin de cuentas,
nosotros no matamos pero en nuestras manos está mucha más
responsabilidad que en manejar una espada; nosotros tenemos la
responsabilidad de insuflar en decenas de cerebros de tiernos
infantes los conocimientos y normas sociales necesarias para que, en
un futuro ya no tan lejano, todos y cada uno de ellos sean capaces de
ser individuos válidos de la sociedad (y eso sin olvidarnos de que
cada uno de esos cerebros es diferente y aprende de diferente
manera).
Por
tanto, lo que para muchos es solo manejar una calculadora y poner
números en base a esas cuentas, para un maestro es una larga tarea
ejecutada durante meses que ve una conclusión 'momentánea' en
diciembre, valorando no fríos números sino la evolución de esos
números, el esfuerzo que el alumno ha puesto en conseguirlos, la
actitud hacia la asignatura, el comportamiento hacia los que le
rodean (otros alumnos, maestros, cuidadoras del comedor...)... en
definitiva, todo-todito-todo.
Oh,
y todo eso sin olvidarnos de que mientras estamos valorando todo eso,
también estamos programando cómo vamos a desarrollar el tema que
sigue, valorando si empezar algo nuevo y cómo proseguirlo con unas
semanas de descanso de por medio en las que todos nos olvidamos un
poco de lo que hemos hecho antes, pensando en cómo cuadrar las
programaciones con los días de retraso que llevamos (si es que
llevamos alguno), haciendo una valoración de cómo ha ido el
trimestre y pensando cómo hacer para que el segundo trimestre sea
mejor que el primero y se subsanen los pequeños errores que hemos
cometido por el camino, preparando la función de navidad con
nuestros alumnos, pensando en cómo haremos para que tal o cual tema
que vamos a dar o hemos empezado sea más atractivo y llegue más
fácil y significativamente a nuestros alumnos...
Y
por si eso no fuera suficiente, hay que mencionar también que la
gente que estamos haciendo esto tenemos nuestra vida fuera de los
colegios en donde enseñamos (sí, lectores 'no-docentes', los
profesores también tenemos vida más allá de las batas y las
pizarras). Todos somos madres, padres, hijos, hijas, nietos, nietas,
sobrinos, sobrinas... tenemos deberes familiares, cocinamos, hacemos
la limpieza de casa, organizamos la unidad familiar, tenemos eventos
familiares, familias que nos quieren y a veces nos necesitan... hay
gente que acaba su jornada en el trabajo y tiene que ir a recoger a
hijos para llevarles a tal o cual actividad extraescolar, cocinan la
cena, preparan la comida para esposos e hijos del día siguiente,
recogen a sus hijos de las extraescolares, los llevan a casa, les
ayudan con los deberes, les dan de cenar, los bañan, los duchan, les
ponen los pijamas, los acuestan, les leen el cuento de antes de
dormir, los duermen, conversan con su pareja, se interesan por cómo
ha ido su día, ponen lavadoras, planchan, corrigen, planifican,
tienen vida de pareja o familiar, quedan con amigos, se dedican un
ratito para si mismos para descansar... y finalmente dan por
terminado el día y se acuestan pensando aún que el día que va a
llegar al día siguiente será tan bueno o mejor que el que acaban
entonces.
Un
poco estresante ¿no? Pues un maestro hace todo eso, a diario.
Así
que... dicho todo esto... solo cabe rezar para que el bien esperado
descanso llegue pronto y poder disfrutar todos de ese bien merecido
descanso.