lunes, 12 de diciembre de 2016

El fin de trimestre por navidades

Cómo definir ese momento tan especial como el fin de trimestre.
Para los alumnos es el momento en que dejan de ir a clase y comienzan las navidades.
Para los padres el momento en que te llega un papel con las notas de tus hijos, algo que te ves venir y en raras ocasiones, sorprende.
Sin embargo para los maestros, ese fin de trimestre comenzó, no el último día del mismo sino semanas antes, normalmente por este fin, más o menos de entre 2 a 3 semanas antes, o sea, más o menos cuando comienza a salir por la tele el anuncio de la lotería de navidad.

Sabes que llega el fin de trimestre cuando por la tele, radio y prensa comienzas a ver los anuncios de la navidad, los turrones, la lotería... o también cuando los coordinadores comienzan a hablarte de resultados de trimestre, entregar actas, informes y demás papeleos varios.

¿Qué significa eso?
Comenzar a recopilar datos juntando todo lo que has ido viendo a lo largo de estos 3 meses (y días), las medias de los exámenes con la actitud y el trabajo diario, calculadoras echando humo por los porcentajes, esos redondeos de las notas a la alza sonriendo y pensando en lo bien que lo han hecho (o lo mal y esa ayudita que le vas a dar para que se motive y mejore).
Hasta aquí lo que hasta el más profano de la profesión puede intuir, sin embargo, los que estamos dentro sabemos que hay más.

Comienzan los sudores fríos por esa sensación de que se te echa el tiempo encima, los nervios al echar la vista atrás y evaluar tu tarea en base a si vas cumpliendo con tu programación mensual, semanal y diaria. Son horas no solo tecleando como locos en calculadoras para hacer medias y porcentajes, sino también sintiendo ese retortijón en las tripas cuando ves cómo la media de tal o cual alumno se ve disminuida por la actitud o el trabajo en clase, las mariposillas en el estómago cuando ves que ese alumno que tanto se esfuerza por conseguir dar la talla o sacar lo mejor de sí mismo ha conseguido llegar a una nota mejor de la que esperabas, las sonrisas al redondear a la alza a ese alumno que ves que se ha esforzado lo indecible para poder mejorar, el sentimiento imposible de nombrar al tener que bajar una nota por la actitud o dejadez de un alumno. Las dudas sobre cómo se tomarán los padres esos números que quizás, solo quizás, siente que no expresa todo lo que ese alumno merece. 

En estos dos años he tenido ocasión de oír y comprobar la veracidad de varios rumores, meras leyendas urbanas que dirían otros, sobre este momento del curso. Me explico.
Hay profesores que adelgazan porque con los nervios dejan de alimentarse como deberían y pierden un poco de hambre, otros engordamos porque los nervios nos hacen comer, o mejor dicho picotear, más de lo normal. Los hay que van enfermando poco a poco. Irritaciones, sarpullidos (si, lo que oís, sarpullidos), sudoración en abundancia, noches de sueño irregular, a veces insomnio, cansancio que no sabes de dónde viene... oh, y lo mejor, algo que he descubierto recientemente, el estómago revuelto y a veces incluso náuseas.
¿Quién dijo que ser maestro es una tarea fácil?
Pues sí, el año pasado tuve ocasión de comprobar que es cierto que algunos maestros sufren de estas cosas según se va acercando el final del trimestre, este año he corroborado algunas y he tenido que añadir otras. El otro día, una persona en el bus me preguntó que a qué se debía el aspecto cansado cuando aún ni habíamos salido de Madrid. Era una estudiante universitaria de pedagogía, y mi respuesta fue contundente: se acerca el fin de trimestre.
¿Alguien conoce la célebre frase "Winter's comming"? Bueno, pues yo estoy por hacerme una camiseta que ponga: "End of trimester's comming", ya me gustaría a mí ver a los famosos personajes de GOT teniendo que pasar por esto, al lado de lo nuestro lo de sacar la espada y liarse a mandobles es un juego de niños. A fin de cuentas, nosotros no matamos pero en nuestras manos está mucha más responsabilidad que en manejar una espada; nosotros tenemos la responsabilidad de insuflar en decenas de cerebros de tiernos infantes los conocimientos y normas sociales necesarias para que, en un futuro ya no tan lejano, todos y cada uno de ellos sean capaces de ser individuos válidos de la sociedad (y eso sin olvidarnos de que cada uno de esos cerebros es diferente y aprende de diferente manera).

Por tanto, lo que para muchos es solo manejar una calculadora y poner números en base a esas cuentas, para un maestro es una larga tarea ejecutada durante meses que ve una conclusión 'momentánea' en diciembre, valorando no fríos números sino la evolución de esos números, el esfuerzo que el alumno ha puesto en conseguirlos, la actitud hacia la asignatura, el comportamiento hacia los que le rodean (otros alumnos, maestros, cuidadoras del comedor...)... en definitiva, todo-todito-todo.

Oh, y todo eso sin olvidarnos de que mientras estamos valorando todo eso, también estamos programando cómo vamos a desarrollar el tema que sigue, valorando si empezar algo nuevo y cómo proseguirlo con unas semanas de descanso de por medio en las que todos nos olvidamos un poco de lo que hemos hecho antes, pensando en cómo cuadrar las programaciones con los días de retraso que llevamos (si es que llevamos alguno), haciendo una valoración de cómo ha ido el trimestre y pensando cómo hacer para que el segundo trimestre sea mejor que el primero y se subsanen los pequeños errores que hemos cometido por el camino, preparando la función de navidad con nuestros alumnos, pensando en cómo haremos para que tal o cual tema que vamos a dar o hemos empezado sea más atractivo y llegue más fácil y significativamente a nuestros alumnos...

Y por si eso no fuera suficiente, hay que mencionar también que la gente que estamos haciendo esto tenemos nuestra vida fuera de los colegios en donde enseñamos (sí, lectores 'no-docentes', los profesores también tenemos vida más allá de las batas y las pizarras). Todos somos madres, padres, hijos, hijas, nietos, nietas, sobrinos, sobrinas... tenemos deberes familiares, cocinamos, hacemos la limpieza de casa, organizamos la unidad familiar, tenemos eventos familiares, familias que nos quieren y a veces nos necesitan... hay gente que acaba su jornada en el trabajo y tiene que ir a recoger a hijos para llevarles a tal o cual actividad extraescolar, cocinan la cena, preparan la comida para esposos e hijos del día siguiente, recogen a sus hijos de las extraescolares, los llevan a casa, les ayudan con los deberes, les dan de cenar, los bañan, los duchan, les ponen los pijamas, los acuestan, les leen el cuento de antes de dormir, los duermen, conversan con su pareja, se interesan por cómo ha ido su día, ponen lavadoras, planchan, corrigen, planifican, tienen vida de pareja o familiar, quedan con amigos, se dedican un ratito para si mismos para descansar... y finalmente dan por terminado el día y se acuestan pensando aún que el día que va a llegar al día siguiente será tan bueno o mejor que el que acaban entonces.
Un poco estresante ¿no? Pues un maestro hace todo eso, a diario.

Así que... dicho todo esto... solo cabe rezar para que el bien esperado descanso llegue pronto y poder disfrutar todos de ese bien merecido descanso.


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