sábado, 24 de septiembre de 2016

De estrés, palabras positivas y negativas.

Yo creo que el estrés es ya algo inherente al maestro en varios puntos del curso.
Ahora mismo estamos ya a mediados de mes, y gracias a dios, este curso la ansiedad y el estrés se han hecho notar menos que de costumbre. En parte también gracias a la maravillosa política del centro por la que para que los alumnos puedan aprender, deben estar todo lo felices que sea posible, y para eso, esa felicidad debe rezumar también de sus maestros. Es decir, el ambiente en general entre los profesores es muchísimo más íntimo desde el principio. Los plazos son más largos y se avisan con más tiempo y siempre que nos cruzamos con un compañero no solo saludamos sino que intercambiamos alguna frase. Los piropos y lo que yo considero 'palabras bonitas' o 'palabras positivas' vuelan por todo el centro, es difícil oír una palabra negativa y estoy aprendiendo que lo que hace mucho estudié en psicología de que una negación siempre se puede convertir en afirmación sin perder el mensaje es cierto. En lugar de decirle a alguien que no puede hacer algo, le animamos a intentarlo y conseguirlo, si un niño hace algo mal, en lugar de decirle que está mal le decimos que le ha faltado un poco para hacerlo bien y le animamos a seguir luchando e intentando hacerlo bien hasta que lo consigue, y cuando esto pasa, se le felicita y anima a continuar mejorando. Hacemos asambleas, relajación e hidratación al entrar por la mañana y a la vuelta del recreo, y en lugar de perder tiempo de clase, lo que hace es que a la larga lo ganemos porque el resto de tiempo se aprovecha mucho más por alumnos y docentes.
Probablemente para muchos, esta política de centro sea algo más utópico que real, y yo misma lo consideraría tal si no hubiera caído en el centro este año y lo hubiera visto con mis propios ojos.
Es cierto que las tensiones y los errores siguen ocurriendo, pero la forma de enfocarlos es diferente a lo que había visto, más similar a lo que había estudiado y a la vez real.

Sí, los plazos siguen siendo los plazos, y el nerviosismo que conlleva una reunión de padres, por ejemplo, sigue siendo el mismo, pero por ejemplo, cuando hablé con una compañera el otro día de que estaba un poco nerviosa por tener que reunirme con los padres de unos alumnos que este año eran nuevos en el centro, su respuesta fue que los padres allí eran muy agradables, que iban allí porque, como yo, eran nuevos, y querían saber cómo eran las personas que trataban con sus hijos y saber cómo podían trabajar con el centro para conseguir sacar lo mejor de sus hijos. Y efectivamente, la madre del alumno y el padre de la alumna, se comportaron exactamente como me había augurado esa persona. Les informamos ambos tutores (más bien mi compañero porque él lo conoce mejor que yo todo dado que lleva más años que yo allí) sobre lo que había que saber a cerca del funcionamiento del centro y de las clases, así como el desarrollo de sus hijos, y el ambiente fue muy cálido y distendido. Ninguno de los dos padres nos dijeron  nada sobre la falta de algún dato, al contrario, se mostraron comprensivos ante el hecho de que los maestros tenemos infinidad de tareas que hacer al comienzo de un nuevo curso y por tanto no siempre tenemos todo lo que deseamos a mano si bien tenemos todo a tiempo del plazo.

Y es que en septiembre, con el comienzo del nuevo curso, las tareas se multiplican. Hay que programar las asignaturas, comprobar que todo esté donde debe estar, organizar el espacio de clase, colgar y descolgar decoraciones del aula, presentar papeles al DAT, encargarse de aprender todo lo que debes conocer de tus alumnos para garantizarles un aprendizaje lo más significativo, atractivo e individualizado posible, preparar la evaluación inicial, hacerla con los alumnos, corregirla, programar los contenidos del área que te toque dar un poco para todo el año, un poco mejor para cada unidad, un poco más concreto para la unidad didáctica y casi al milímetro para la semana y sobre todo la sesión. Hay que realizar reuniones con padres, otros compañeros de departamento, por ciclo, por nivel, los claustros, preparar materiales para las sesiones, programar las fichas y demás recursos a imprimir o fotocopiar para poder llevarlos a reprografía y que no se acumule el trabajo allí para poder tenerlos a tiempo de las sesión que te toca, reconfigurar las sesiones si un día no es posible hacer la que tenías pensada porque se te olvidó llevar algo o no lo has tenido a tiempo... Hay que tener la capacidad de estar explicando y a la vez controlando a tus alumnos para asegurarte que todos vayan siguiendo tus explicaciones; la de seleccionar, recortar, pegar y a la vez seguir lo que se habla en las reuniones y también participar; sin olvidarnos la capacidad de explicar una cosa para la clase en general y a la vez también estar pensando en cómo vas a adaptarlo para ese o esos alumnos que tienen unas necesidades más específicas a la hora de aprender. Hay que ser también capaz de cuando la clase está revuelta y lo último de lo que tiene ganas es de seguir siquiera un minuto más allí encerrados escuchándote a tí hablar de cómo una planta coge aire y lo trasforma en oxígeno que suelta para que tú puedas respirarlo mientras ella se queda con el dióxido de carbono, cuando realmente preferirían estar en el patio jugando al sol.
Y hay que ser capaz de todo eso y a la vez coordinarte tú mismo y ajustarte a la coordinación de nivel, ciclo, centro y departamento todo a la vez y sin olvidarnos que el día menos pensado podría querer venir a verte un padre y por tanto tienes que sacar un hueco en la agenda para poder recibirles y atenderles como merecen.
¿Es estresante o no?
Pues aún hay más, porque la mayoría de copañeros (yo aún no estoy en esa tesitura), además de docentes son padres, madres, esposos, esposas, hijos, hijas... es decir, que todos tenemos familia fuera de nuestro trabajo, y la mayoría de gente también tienen familia dependiente de ellos o compañeros de la vida con los que vivir. Así que a la cantidad de trabajo en el centro hay que añadirle la vida familiar, y además de todo lo mencionado arriba hay que añadirle todo lo que conlleva la vida familiar: hay que poner lavadoras, cocinar la comida para toda la familia, asegurarse de recoger a los niños, llevarlos a las actividades extraescolares, recogerlos de las actividades estraescolares, hacer la compra, asegurarse de que los niños hagan las tareas que tengan que hacer, organizarles para que también tengan tiempo de jugar y ser niños, darles de comer o cenar o ambas, que se bañen, que se vistan y desvistan o hacerlo tú porque aún son muy pequeños, hablar con ellos para tratar de saber cómo les va en la vida en general, que se coman esas verduras que les has hecho para que lleven una dieta sana y que no les gustan, que se metan a la hora que les dices a la cama porque tienen que dormir X horas, hablar con tu pareja, saber cómo os ha ido el día, ver un poco la tele, tratar de dormir las horas que necesita tu cuerpo dormir... y luego, a veces, cómo no, programar o corregir en medio de esa apretada agenda que tienes.

Así pues, creo que queda más que justificado y explicado el estrés en esta pequeña (o no tanto) entrada del blog.
Y como ya os he aburrido suficiente, aquí me despido hasta la próxima entrada.
Un besito.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Mudanzas de nuevo

Bueno, de nuevo fin de semana y de nuevo con mudanzas.
En la anterior entrada comenté lo duro que es cambiar de hogar, y como dije al final, con cada mudanza aprendes cosas nuevas. La vez anterior había sido cosas que quería para mi nuevo hogar la próxima vez que me mudara.
Pues bien, he vuelto a mudarme, y... desde el jueves por la tarde vivo en un nuevo hogar. De mi pequeño pisito de alquiler mostoleño a un mini-duplex en pleno Soto.
Planta baja de una sala con cocina, salón y mesa de office, un banquito y un mini-armario empotrado. Planta alta? Habitación de dos camitas, baño con bañera y, como no, otro armarito empotrado.
¡¿Y mis estanterías?!. ¡Ay, señor! ¡¿Ahora dónde pongo a mis niños?! ¡¿En serio tengo que meter todos mis botes de té, la tetera, los vasos, platos, snacks, cacaos, cereales y demás utilería de cocina en ese armarito?! ¡Por dios, hay una señal de 'prohibido fumar', ¿cómo es posible que haya quemaduras de cigarrillo en el lavamanos?!
Coge aire, respira hondo y cuenta hasta 10.
Bueno, no importa si no tengo estanterías, puedo poner los libros en el banquito y la mesa de trabajo. ¿Qué más da que la tele sea pequeña y del año de la polka? Salvo para ver series de actualidad por la noche, el resto del tiempo lo que veo son series por ordenador. Y al menos ahora tengo Internet en casa y mesa de trabajo, eso es una mejora ¿no?
El armarito para meter todo lo de cocina puedo ajustarlo todo, la cuestión es jugar al tetris para meter todo, y así tengo la excusa perfecta para tener solo lo que realmente vaya a usar.
Que huela algo a tabaco al final tampoco es tan malo. En la Discovery Max siempre dicen que el humo auyenta a los insectos y demás bichos, pues... entonces menos mosquitos y bichos que se me coman viva.

Y además hay muchas cosas buenas.

  • Ahora vivo a menos de 15 minutos del trabajo (o eso creo, la verdad es que no lo he cronometrado, pero al menos no son las casi 2 horas de madrugar que me metía antes, solo 1).
  • Como ya he dicho, tengo barra libre de internet en casa.
  • Me hacen limpieza una vez a la semana.
  • Vivo en un lugar donde la mayoría de madrileños van a pasar los fines de semana para descansar de la estresante vida del centro.
  • El aire es más puro, así que esperemos que mi garganta mejore de la contaminación del aire madrileño urbano.
  • Vivo en un pueblo señorial a 1 horita de la capital..
En definitiva, tengo lo mejor de los dos mundos, porque tengo la tranquila vida de una villa pero cerca de la capital, con lo que si quiero puedo ir a buscar cosas allí.

Y... seguiré informando en futuras entradas.
Hasta entonces... besitos.